La importancia de llamarse Ernesto
La importancia de llamarse Ernesto ALGERNON.—Asà es. Por eso sé que mi constitución puede soportarlo. Si no estás totalmente seguro de haber sido bautizado anteriormente, debo decir que creo que hacerlo ahora es muy peligroso para ti. PodrÃa hacerte daño. No debes olvidar que una persona Ãntimamente relacionada contigo ha estado a punto de morir esta semana en ParÃs a causa de un severo enfriamiento.
JACK.—Es verdad, pero recuerda que tú me aseguraste que un severo enfriamiento no es hereditario.
ALGERNON.—Por lo general, no, ya lo sé; sin embargo, ahora me atrevo a afirmar que sà lo es. La ciencia está siempre alcanzando asombrosos progresos.
JACK.—(tomando el plato con los panecillos) Oh, eso es una torpeza, siempre dices torpezas.
ALGERNON.—¡Jack, estás comiendo los panecillos otra vez! Por favor déjalos. Solamente quedan dos. (Los toma.) Ya te he dicho que me gustaban especialmente los panecillos.
JACK.—Y yo aborrezco la tarta.
ALGERNON.—Entonces, ¿por qué diablos permites que sirvan tarta a tus invitados? ¡Qué ideas tienes sobre la hospitalidad!
JACK.—¡Algy! Ya te he pedido que te marches. No quiero que permanezcas más tiempo aquÃ. ¿Por qué no te marchas?
ALGERNON.—¡TodavÃa no he acabado de tomar mi té! Además, aún queda un panecillo.