La importancia de llamarse Ernesto
La importancia de llamarse Ernesto ALGERNON.—Puede ser. Sin embargo, los panecillos son siempre lo mismo. (Le arrebata a Jack el plato de los panecillos.)
JACK.—Algy, ¿cuándo vas a tener la bondad de marcharte?
ALGERNON.—Es absurdo que desees que me marche sin cenar. Jamás me retiro sin comer. Nadie lo hace, salvo los vegetarianos y sus semejantes. Además, hace unos minutos hablé con el doctor Chasuble para que me bautice a las seis menos quince, con el nombre de Ernesto.
JACK.—Mi apreciado amigo, cuanto antes renuncies a esa locura, mejor. Esta mañana acordé con el doctor Chasuble que me bautice a las cinco y media, y, lógicamente, con el nombre de Ernesto. Gwendolen lo querÃa asÃ. No podemos ser bautizados los dos con el nombre de Ernesto. Es ridÃculo. Además, tengo todo el derecho de bautizarme si quiero. No hay la menor prueba de que me haya bautizado nadie. Creo muy posible que nunca me hayan bautizado, y asà lo piensa también el doctor Chasuble. Tu caso es totalmente diferente. A ti sà te bautizaron.
ALGERNON.—Es verdad, pero hace años que no me bautizo.
JACK.—Tienes razón, sin embargo, te han bautizado, y eso es lo que cuenta.