Poemas en prosa
Poemas en prosa Y atravesó once ciudades. Y algunas de estas ciudades estaban en los valles, y otras a la orilla de grandes ríos, y otras fundadas sobre colinas. Y en cada ciudad encontró un discípulo que le amó y le siguió; y una gran multitud de gente también le siguió de cada ciudad, y el conocimiento de Dios se extendió por toda la tierra y muchos monarcas fueron convertidos. Y los sacerdotes de los templos habitados por los ídolos, encontraron que la mitad de su ganancia se perdía, y que cuando a mediodía tocaban sus tambores, nadie, o muy pocos, venían con pavorreales y ofrendas de viandas, como fuera la costumbre del país antes de su llegada.
Sin embargo, mientras más crecía la multitud, mientras más el número de sus discípulos crecía, más su aflicción aumentaba. Y no sabía por qué su aflicción era tan grande. Pues hablaba siempre de Dios y según la plenitud del perfecto conocimiento de Dios que Dios mismo le había dado.
Y, una tarde, salió de la undécima ciudad, que era una ciudad de Armenia; y sus discípulos y una gran muchedumbre del pueblo le siguieron, y subió a una montaña y se sentó sobre una roca que había en la montaña. Y sus discípulos estaban en torno suyo, y la muchedumbre arrodillada en el valle.
Y él hundió la cabeza entre sus manos y lloró, y dijo a su Alma: