Poemas en prosa
Poemas en prosa —¿Por qué estoy lleno de aflicción y de miedo, y por qué cada uno de mis discÃpulos es como un enemigo que avanzase en pleno dÃa?
Y su Alma le respondió y dijo:
—Dios te llenó del cabal conocimiento de Sà mismo, y tú has dado esta ciencia a los demás. Tú has dividido la perla de gran precio, y cortado en jirones la veste sin costura. El que esparce la sabidurÃa se roba a sà mismo. Es como el que da su tesoro a un ladrón. ¿Acaso Dios no es más sabio que tú? ¿Quién eres tú, para revelar el secreto que Dios te ha confiado? Yo era rica un dÃa, y tú me empobreciste. Yo vi a Dios un dÃa, y ahora me lo has ocultado.
Y de nuevo lloró, porque sabÃa que su Alma le decÃa la verdad y que habÃa dado a los demás el perfecto conocimiento de Dios, y que era como un hombre que se agarrara a la túnica de Dios, y que su fe le abandonaba a causa del número de los que creÃan en él.
Y se dijo a sà mismo:
—No hablaré más de Dios. El que esparce la sabidurÃa se roba a sà mismo.
Y algunas horas más tarde sus discÃpulos vinieron a él e inclinándose hasta tierra le dijeron:
—Maestro, háblanos de Dios; porque tú tienes el perfecto conocimiento de Dios y ningún hombre más que tú lo posee.
Y él les respondió y dijo: