Poemas en prosa
Poemas en prosa —¿Quieres darme ese conocimiento de Dios, que es más precioso que la púrpura y las perlas? Si quieres dármelo, no entraré en la ciudad.
Y siempre el Ermitaño respondÃa:
—Yo te daré todo lo que tengo, a excepción de una sola cosa, pues esta cosa no me es permitido darla.
Y al crepúsculo del tercer dÃa llegaron ante las grandes puertas escarlata de la Ciudad de los Siete Pecados. Y de la ciudad llegó hasta ellos el rumor de mil carcajadas.
Y el joven rió en respuesta e hizo ademán de llamar a la puerta. Y, al hacerlo asÃ, el Ermitaño corrió hacia él, y le asió de la túnica, y le dijo:
—Extiende tus manos y pon tus brazos alrededor de mi cuello, aproxima tu oÃdo a mis labios, y te daré lo que me resta del conocimiento de Dios.
Y el joven se detuvo.
Y el Ermitaño, habiéndole entregado su conocimiento de Dios, cayó postrado en tierra, y lloró, y grandes tinieblas le ocultaron la ciudad y al Ladrón, de tal modo que no volvió a verlos.
Y mientras yacÃa sollozando, advirtió que alguien estaba de pie junto a él; y El que estaba de pie junto a él tenÃa los pies de bronce y los cabellos como lana fina. Y levantó del suelo al Ermitaño, y le dijo: