Poemas en prosa
Poemas en prosa —Dicen —replicó— que en un tiempo, sobre la tierra, era una gran cantante, con voz comparable a las estrellas que caen de un cielo claro. AsÃ, cuando la hora de su condenación llegó, Dios la despojó de su voz, que lanzó a los ecos eternos de las esferas, juzgándola demasiado hermosa para dejarla morir. Ahora, ella la escucha con gratitud, y recordando que un dÃa fuera suya comparte aún el deleite que Dios siente al oÃrla. No le hables, no le digas nada, pues se imagina que está en el cielo.
Pero apenas hubo acabado el hombre de la corona marchita, otro dijo:
—No, no es ésa su historia.
—¿Cuál es, entonces?
—La siguiente —explicó el segundo hombre, mientras el de la corona marchita se alejaba—: Una vez en la tierra, un poeta hizo un canto sobre ella, de manera que su nombre quedara eternamente asociado a sus versos, que aún suenan en los labios de los hombres. Y si ahora ella aguza el oÃdo, es para oÃr sus alabanzas resonando doquiera se habla lengua humana. Ésta es su verdadera historia.
—¿Y el poeta? —preguntó el recién venido—. ¿Lo amó ella mucho?
—Tan poco —repuso el otro—, que se tropieza con él todos los dÃas y ni aun le reconoce.
—¿Y él?