Poemas en prosa
Poemas en prosa Era de noche y estaba solo.
Y vio de lejos las murallas de una ciudad redonda y caminó hacia la ciudad.
Y cuando estuvo cerca, oyó en la ciudad el taconeo del placer y la risa del goce y el rumor sonoro de muchos laúdes. Y llamó a la puerta y uno de los guardianes le abrió.
Y distinguió una casa construida de mármol y que tenía hermosas columnas de mármol en su fachada. Las columnas estaban adornadas con guirnaldas, y fuera y dentro había antorchas de cedro. Y entró en la casa.
Y cuando hubo atravesado el patio de calcedonia y el patio de jaspe, y llegado a la gran sala del festín, vio acostado sobre un lecho de púrpura marina a un hombre cuyos cabellos estaban coronados de rosas rojas y cuyos labios estaban rojos de vino. Y se acercó a él por detrás y le tocó en el hombro y le dijo:
—¿Por qué vives así?
Y el joven se volvió, y Le reconoció, y dijo:
—Un día yo era un leproso, y tú me curaste. ¿De qué otra manera iba vivir?
