Poemas en prosa
Poemas en prosa Y Él salió de la casa y fue de nuevo en la calle. Y algo más lejos vio a una mujer cuyo rostro estaba pintado y los pies calzados de perlas. Y detrás de ella venía, con el paso lento de un cazador, un mancebo que llevaba un manto de dos colores. Y el rostro de la mujer era bello como el rostro de un ídolo, y los ojos del joven brillaban de concupiscencia.
Y Él les siguió rápidamente, y tocó la mano del mancebo y le dijo:
—¿Por qué miras a esa mujer de ese modo?
Y el mancebo se volvió y le reconoció y dijo:
—Un día que yo era ciego, tú me diste la vista. ¿De qué otro modo iba a mirar?
Y Él corrió adelante y tocó el traje vistoso de la mujer y le dijo:
—¿No hay otro camino por el cual marchar que el camino del pecado?
Y la mujer se volvió y Le reconoció, y rió y dijo:
—Tú me perdonaste mis pecados, y este camino es un camino agradable.
Y Él salió de la ciudad.
Y al salir de la ciudad, vio, sentado al borde del camino, a un joven que lloraba.
Y vino a él y tocó los largos bucles de sus cabellos y le dijo:
—¿Por qué lloras?
