Teleny
Teleny A mi vuelta, no solamente rehuía su presencia, sino que evitaba incluso leer cuanto en los periódicos hacía referencia a él, y cuando veía su nombre colocado en algún cartel, apartaba la vista, a pesar de la atracción que su nombre ejercía en mí. Hasta tal punto temía caer de nuevo bajo su diabólica influencia. Pero me preguntaba si sería capaz de evitarlo para siempre. ¿Acaso el más fútil acontecimiento podía hacer que nos encontráramos de nuevo cara a cara? ¿Y entonces…?
Cuando esta aprensión comenzaba a rondarme la cabeza, intentaba persuadirme de que su imperio sobre mí había concluido; y para afianzarme en esta convicción, decidí saludarlo la primera vez que volviera a encontrarlo. Por lo demás, alimentaba yo la esperanza de que pronto acabaría abandonando la ciudad, al menos momentáneamente, si no para siempre.
Pero poco después de mi vuelta, y estando yo con mi madre en un palco del teatro, de repente la puerta se abrió, y en el umbral apareció Teleny.