Teleny
Teleny Al verlo un color se me fue y otro se me vino, mis rodillas comenzaron a temblar, y mi corazón a latir con fuerza; sentà que todos mis buenos propósitos de poco antes se esfumaban de repente. Disgustado conmigo mismo, al constatar mi debilidad, tomé rápidamente mi sombrero y, casi sin saludar al artista, me precipité como un loco fuera del palco, dejando a mi madre el cuidado de disculparse por mi extraña conducta. Pero, apenas me hallé fuera, sentà que una fuerza irresistible me empujaba a volver y pedir disculpas. De lo que sólo la vergüenza logró salvarme.
Al volver al palco, mi madre, asombrada y mortificada, me preguntó la causa de mi brutal manera de comportarme hacia un artista de tanto talento, a quien todo el mundo festejaba y halagaba.
—Hace apenas dos meses, si mal no recuerdo —dijo—, no habÃa para ti pianista en el mundo que pudiera comparársele, y ahora, porque toda la prensa se ha vuelto contra él, ¿ya no te parece digno ni de un saludo?
—¿Que la prensa está contra él? —pregunté sorprendido.
—¡Cómo! ¿No has leÃdo las crÃticas que se vienen publicando últimamente sobre él?
—No, tengo más cosas que hacer que ocuparme de los pianistas.