Teleny
Teleny Lo miré una vez más; una profunda melancolÃa ensombrecÃa su rostro, y fue en aquel momento cuando descubrÃ, de manera clara y distinta, algo horrible: un pequeño puñal clavado en su pecho; de la herida veÃa manar la sangre pecho abajo, y me eché a temblar y a gritar, hasta tal punto me parecÃa real mi visión. La cabeza me daba vueltas, me sentÃa desfallecer, y tuve que apoyarme en el respaldo de mi asiento, cubriéndome los ojos con la mano.
—¡Extraña alucinación, en efecto! ¿Cuál pudo ser su causa?
—Era más que una alucinación, como a continuación podrás juzgar. Cuando volvà a levantar la cabeza, ya se habÃa ido. Giré la cabeza y me encontré con el rostro de mi madre que, al ver mi palidez, me preguntó si estaba enfermo. Yo, evadiéndome, le respondà que aquel calor me resultaba insoportable.
—Vete al vestÃbulo, me dijo, y podrás tomar un vaso con agua.
—No, prefiero volverme a casa.
Después de lo ocurrido, me resultaba imposible seguir oyendo música aquella tarde. En el estado de nerviosismo en que me encontraba, cualquier sonido vulgar me hubiera llevado a la exasperación, y una melancolÃa briosa hubiera podido producirme un sÃncope.