Teleny
Teleny ¿Cómo expresar mis propias sensaciones bajo la presión de la de Teleny? Su mano prendió en mí toda una hoguera, y, cosa extraña, al mismo tiempo yo experimentaba el dulce frescor del beso de una mujer. Desde mi mano consiguió deslizarse por todo mi ser, acarició mis labios, mi garganta, mi pecho; mis nervios tremolaban cargados de deleite; este temblor descendía por mis muslos, hasta alcanzar a Príapo que, sacado del sueño, levantó la cabeza. Esta mano tomaba posesión de mí todo y yo me sentía dichoso de pertenecerle.
Hubiera deseado decir a este encantador algo amable para agradecerle el placer que su actuación me había procurado; ¿pero qué vulgar alabanza podía servir para expresar mi admiración?
—Señores —les dijo—, temo estar privándoles de su música.
Yo hice notar que precisamente estaba a punto de marcharme.
—El concierto le aburre. ¿No es así?
—Muy al contrario, pero después de haberle oído a usted, no podría soportar oír a otros artistas.
Él pareció halagado, y sonrió.
—Verdaderamente, René, esta vez se ha usted superado —dijo Bryancourt—. Jamás le he oído tocar con tanto brío.
—¿Sabe usted por qué?
—No, a no ser por tener la sala hasta los topes.