Teleny
Teleny —Cristo estará de pie, abrazado a Juan, que se aprieta contra él y apoya su cabeza sobre el pecho del amado. Habrá, naturalmente, algo de dulce femenino en la mirada y la actitud del discÃpulo; pero tendrá tus ojos violeta de visionario y tu boca voluptuosa. Acostada a sus pies habrá una de las numerosas magdalenas adúlteras, pero Cristo y el «otro» (asà se titula Juan a sà mismo, como si fuera la amante de su maestro) la contemplan con un aire a la vez de desprecio y de piedad.
—¿Crees tú que el público captará tu idea?
—Cualquier persona con un mÃnimo de sentido la captará. Por otro lado, y para aclarar aún más mi idea, le añadiré una pareja, para formar un dÃptico con ambos: Sócrates, el Cristo griego, acompañado de su discÃpulo AlcibÃades. La mujer, en este caso, será Jantipa.
Y volviéndose hacia mÃ, añadió:
—Tienes que prometerme venir a posar AlcibÃades.
—Sà —dijo Teleny—, pero con una condición.
—¿Cuál?
—Que me respondas una cuestión.
—Dila.
—¿Por qué escribiste esa nota a Camille?
—¿Qué nota?
—Confiésalo. No disimules.
—¿Y cómo sabes que fui yo?