Teleny
Teleny —¿Quiere usted que se los chupe? —preguntó uno de la concurrencia al ver las convulsiones del órgano.
—No, gracias —respondió él—, con lo que siento ya tengo bastante.
—¿Y qué siente usted?
—Una irritación aguda, aunque agradable, que me llega desde el trasero hasta el mismo cerebro.
Su cuerpo comenzó a convulsionarse de tal modo, bajo el frotamiento que la prodigaba la botella, que parecÃa ir a partirse en dos. De repente el pene aumentó las sacudidas y se infló de modo desmesurado; los labios se abrieron y una gota de lÃquido incoloro humedeció los bordes.
—¡Más de prisa!… ¡Hasta el fondo! ¡Ya está!… ¡Ya me viene!
Y se puso a gritar y exhalar risas histéricas, y a relinchar como un semental a la vista de una yegua. De su pene saltaron entonces unas pocas gotas de un esperma espeso, blanquecino y viscoso.
—¡Húndela!, ¡húndela aún más! —gimió con voz moribunda.
La mano del operador se enervaba progresivamente como contagiada por las convulsiones y los jadeos del otro, propinado, en uno de sus movimientos, a la botella un fuerte empujón.