Teleny
Teleny Otro de los presentes que tenía en sus manos la botella, después de haberla untado con grasa de paté, dio comienzo a la operación. Tarea nada fácil al principio, y que nadie creía posible en toda su amplitud. Pero el spahi sabía cómo abrir el orificio para hacerlo practicable al instrumento, y el operador, tras haber girado y colocado de diversas maneras la botella, dio un suave empuje final, y la botella acabó por penetrar.
—¡Ay, ay! —dijo el spahi, mordiéndose los labios—, está un poco estrecho, pero entra, con todo.
—¿Le hago tal vez daño?
—Un poco, pero ya está.
Y comenzó a ronronear de placer.
No se veían ya ni pliegues, ni grietas, ni abultamientos; el ano estrechaba firmemente la botella. El rostro del spahi reflejaba a la vez que un gran dolor, un intenso placer; todos los nervios se hallaban en tensión, produciendo en todo el cuerpo unas leves convulsiones; en los ojos semi-cerrados, las pupilas habían desaparecido, y los dientes le rechinaban, según la botella iba penetrando más y más en su interior. Su pene, que hasta entonces había permanecido blando e inerte, volvió a adquirir sus proporciones primeras; las venas del instrumento se hincharon, y los músculos adquirieron redondez.