Teleny
Teleny Muchos fueron los que manifestaron deseo de procurarle semejante satisfacción, pero ésta recayó, en el último término, en un joven caballero que se habÃa presentado modestamente a sà mismo como «maestro de lengüeteos».
—Aunque por mis aptitudes —añadió el individuo—, bien podrÃa titularme «profesor en el noble arte».
Era un tipo portador de un gran apellido, no solamente ligado a un alto linaje, sin mezcla alguna de sangre plebeya, sino que además habÃa alcanzado por mérito propio un gran renombre en el ejército y la magistratura, e incluso en la polÃtica, las ciencias y las letras. Se arrodilló ante la palpitante masa de carne, apuntó con su lengua como si de una punta de lanza se tratara, y la hundió en el ano del spahi tan profundamente como pudo, luego, sacándola y pasándola plana por los bordes, como si se tratara de una espátula, los mojó a diestra y ampliamente con su saliva.
—Puedo decir —añadió con el orgullo de un artista que acaba de concluir una gran obra— que mi tarea ya está cumplida.