Teleny
Teleny —¿Y por qué no?
—No, no lo intentes —dijo el doctor.
—¿Por qué? ¿Acaso le asusta?
—¡Es un crimen contra natura! —dijo el médico riendo.
—Con lo que la cosa —añadió Bryancourt— pasarÃa de ser un acto de «bujarronerÃa», a ser un acto de «botellerÃa»[7].
Sin añadir palabra, el spahi se inclinó, apoyó la cabeza en el borde del sofá y dejó el trasero en el aire, bien expuesto ante nosotros. Dos hombres se sentaron, uno a cada lado, de modo que él pudiera colocar sus piernas sobre los hombros de ellos; después de lo cual, tomando sus propias nalgas, tan voluminosas como las de una gorda prostituta, las abrió con sus manos. Todos pudimos contemplar, de par en par abierta, la raja negra que divide los glúteos, y el agujero coronado de vello castaño, y hasta los millares de arrugas, crestas, repliegues y apéndice que rodean al orificio, comprendiendo, al ver la excepcional dilatación de su ano, que no hablaba por hablar.
—¿Quién quiere tener la amabilidad de humedecer y lubrificarme un poco los bordes? —preguntó él.