Teleny
Teleny —¡Ah! —dijo el spahi, encendiendo tranquilamente un cigarrillo—, ¿qué placeres puede haber comparables a los de las Ciudades de la Llanura? Los árabes están en lo cierto. Ellos son maestros en este arte. Porque entre ellos, si bien no hay hombre que sea pasivo durante su edad madura, lo es durante su pubertad, y luego ya de anciano, cuando ya no puede ser activo. Al revés que nosotros, han conseguido, por medio de una larga práctica, prolongar el placer por tiempo ilimitado. Sus instrumentos, de hecho, no son enormes, pero, cuando se yerguen, adquieren majestuosas proporciones, y suelen realzar su propio placer mediante la satisfacción que proporcionan al otro. Nunca os inundarán con un torrente de esperma, pero os humedecerán con unas pocas gotas espesas que queman como el mismo fuego. ¡Qué suave y reluciente es su piel! ¡Cuán ardiente es la lava que corre por sus venas! No son hombres, son leones, y rugen en medio del placer.
—Debe usted haber practicado mucho, supongo.
—Cantidad. Para eso me alisté, y debo decir que me divertà de lo lindo.
Mostrando entonces encima de la mesa una botella que habÃa contenido kummel, dijo:
—¿Veis esa botella? PodrÃa introducirla en mi trasero y gozar con ella maravillosamente.
—¿Quieres intentarlo? —dijeron al unÃsono varias voces.