Teleny
Teleny —¿Y qué ocurrió?
—Déjeme recordar… Hubo luego una serie de cantos, creo.
—¿Y él ya no actuó más?
—¡Oh sÃ! Volvió a mitad del concierto, y mientras saludaba antes de sentarse, sus ojos parecÃan buscar a alguien por entre las jardineras, fue entonces cuando nuestras miradas se encontraron por primera vez.
—¿Qué tipo de hombre era?
—Era un muchacho de veinticuatro años, de talle esbelto, cabellos cortados a lo Bressan, de un extraño color rubio-ceniza, matiz éste debido, como más tarde pude saber, a un ligera capa de polvo, y que contrastaba de manera singular con el negro de sus pestañas y de su fino bigote. Su tez tenÃa esa blancura mate propia de los jóvenes artistas. Sus ojos, que a primera vista parecÃan negros, eran en realidad de un color azul sombrÃo y, aunque en general parecÃan tranquilos, cualquier profundo observador hubiera notado en ellos a veces una espantosa fijeza, como si se hallaran capturados por alguna lejana y terrible visión, para dar de inmediato lugar a una expresión de terrible hastÃo.
—Pero ¿por qué esa tristeza?