Un marido ideal
Un marido ideal (Mira a su alrededor y se acerca al escritorio.) ¡Qué habitación tan interesante! ¡Oh! ¡Qué correspondencia tan aburrida! ¡Facturas y tarjetas! ¿Quién le escribirá con papel rosa? ¡Que tonterÃa es escribir con papel rosa! Parece el principio de un romance de clase media. Los romances nunca deberÃan empezar con el sentimiento. DeberÃan empezar con la ciencia y terminar con una buena dote. (Deja la carta y la vuelve a coger.) Conozco esta letra. Es la de Gertrude Chiltern. La recuerdo perfectamente. Los diez mandamientos en cada trazo de pluma y las leyes morales en cada página. ¿Qué le tendrÃa que decir Gertrude? Algo horrible sobre mÃ, supongo. ¡Cómo detesto a esa mujer! (Lee la carta.) «Confio en usted. Lo necesito. Me dirijo a usted.» (En su rostro se dibuja un gesto de triunfo. Va a guardarse la carta cuando entra Phipps.) PHIPPS. –– Los candelabros están encendidos, señora, como deseaba usted.
MISTRESS CHEVELEY. –– Gracias. (Se levanta y esconde la carta bajo una gran carpeta que hay sobre la mesa.)
PHIPPS. ––Congo en que los candelabros serán de su agrado, señora. Son los mejores que tenemos. Son los que usa el señor cuando se viste para la cena.
MISTRESS CHEVELEY. –– (Con una sonrisa.) Entonces estoy segura de que estarán muy bien.