Un marido ideal
Un marido ideal LORD GORING. ––¡Buenos dÃas, mis Mabel!
MABEL CHILTERN. –– (Sin querer darse cuenta de la presencia de lord Goring y dirigiéndose exclusi-vamente a lord Caversham.) Y los sombreros de lady Caversham..., ¿están mejor?
LORD CAVERSHAM. ––Han tenido una seria recaÃda, siento decirlo.
LORD GORING. ––Buenos dÃas, miss Mabel.
MABEL CHILTERN. –– (A lord Caversham.) Supongo que no será necesaria una operación...
LORD CAVERSHAM . ––(Sonriendo.) Si lo fuera, tendrÃamos que narcotizar a lady Caversham. De otro modo, no consentirÃa que se les tocase ni una pluma.
LORD GORING. –– (Con marcada insistencia.) ¡Buenos dÃas, miss Mabel!
MABEL CHILTERN. –– (Volviéndose sorprendida.) ¡Oh! ¿Está usted aqu� Naturalmente, comprenderá que después de faltar a la cita no volveré a hablarle más.
LORD GORING. ––¡Oh! Le ruego que no diga eso. Usted es la única persona en Londres que me gusta que me escuche.
MABEL CHILTERN. ––Lord Goring, jamás he creÃdo una palabra de lo que me dice.