Un marido ideal
Un marido ideal LORD CAVERSHAM. ––Lamento no tener ninguna influencia sobre mi hijo, miss Mabel. DesearÃa te-nerla. Si fuera asÃ, sé lo que iba a obligarle hacer.
LORD CAVERSHAM. ––Temo que tiene uno de esos caracteres terriblemente débiles que no son sus-ceptibles a la influencia.
LORD CAVERSHAM. ––No tiene corazón, no tiene corazón.
LORD GORING. ––Me parece que aquà estoy de más.
MABEL CHILTERN. ––Es muy bueno para usted saber lo que la gente dice a mis espaldas. Me halaga demasiado.
LORD CAVERSHAM. ––Después de todo esto, querida mÃa, debo decirle adiós.
MABEL CHILTERN . ––¡Oh! Supongo que no me dejará sola con lord Goring... Especialmente a una hora tan temprana.
LORD CAVERSHAM. ––Temo no poder llevarla conmi go a Downing Street. Hoy el primer ministro no recibe a los sin empleo. (Estrecha la mano de Mabel Chiltern, coge su sombrero y su bastón y sale, después de lanzar una mirada de indignación a lord Goring.) MABEL CHILTERN . –– (Coge unas rosas y se pone a arre glarlas en un jarrón que hay sobre la mesa.) La gente que no acude a las citas en el parque es horrible.
LORD GORING. ––Detestable.