Un marido ideal
Un marido ideal ¡Creo que usualmente se las castiga por ello! Ciertamente hoy dÃa las mujeres envejecen más gracias a la fidelidad de sus maridos que a otra cosa. Al menos ésa es la única forma de explicar lo terriblemente hura-
ñas que parecen la mayorÃa de las mujeres bonitas de Londres.
SIR ROBERT CHILTERN . ––¡Qué filosofia tan espantosa! Intentar clasificar a usted, mistress Cheveley, seria una impertinencia. Pero ¿puedo preguntarle si es usted optimista o pesimista? Éstas parecen las dos únicas religiones que se nos permiten hoy dÃa.
MISTRESS CHEVELEY. ––¡Oh! Ninguna de las dos cosas. El optimismo empieza con una amplia risa y el pesimismo termina con unas gafas azules. Además, ambos son simplemente poses.
SIR ROBERT CHILTERN. ––¿Prefiere ser natural?
MISTRESS CHEVELEY. ––A veces. Pero ésa es una pose muy dificil de mantener.
SIR ROBERT CHILTERN . ––¿Qué dirÃan los modernos novelistas psicólogos, de los que tanto se habla, si nos oyeran expresar semejante teorÃa?
MISTRESS CHEVELEY. ––¡Ah! La fuerza de las mujeres proviene del hecho de que la filosofia no puede explicarnos. Los hombres pueden ser analizados; las mujeres..., simplemente adoradas.
SIR ROBERT CHILTERN. ––¿Cree usted que la ciencia no puede abordar el problema de las mujeres?