Un marido ideal
Un marido ideal MISTRESS CHEVELEY. ––La ciencia no puede explicar lo irracional. Por eso no tiene porvenir en este mundo.
SIR ROBERT CHILTERN. ––Y las mujeres representan lo irracional.
MISTRESS CHEVELEY. –– Las mujeres bien vestidas.
SIR ROBERT CHILTERN. –– (Con una cortés inclinación.) Temo no poder estar de acuerdo con usted en eso. Pero sentémonos.Y ahora dÃgame: ¿qué le ha hecho dejar su brillante Viena por nuestro sombrÃo Londres? ¿O es una pregunta indiscreta?
MISTRESS CHEVELEY. –– Las preguntas nunca son indiscretas. Las respuestas a veces sÃ.
SIR ROBERT CHILTERN. Bueno; al menos ¿podré saber si ha sido la polÃtica o el placer?
MISTRESS CHEVELEY. ––La polÃtica es mi único placer. Hoy dÃa no está de moda flirtear hasta los cuarenta años ni ser romántica hasta los cuarenta y cinco; asà que nosotras, las pobres mujeres que aún no hemos llegado a los treinta, o que no lo decimos, no podemos dedicarnos a otra cosa que a la polÃtica o a la filantropÃa.Y la filantro pÃa me parece que ahora es simplemente el refugio de la gente que desea molestar a los demás. Prefiero la polÃtica. ¡Es más... conveniente!
SIR ROBERT CHILTERN. ––¡La polÃtica es una noble carrera!