Un marido ideal
Un marido ideal LADY CHILTERN. –– (Lo mira con un asombro que es casi terror.) ¿Quiere que yo vaya a decirle a Robert que la mujer que esperaba usted no era mistress Cheveley, sino yo? ¿Que yo era quien usted creyó oculta en esa habitación a las diez y media de la noche? ¿Quiere que yo le diga eso?
LORD GORING. ––Creo que es mejor que sepa la verdad exacta.
LADY CHILTERN . ––(Levantándose.) ¡Oh! ¡No podrÃa! ¡No podrÃa!
LORD GORING. ––¿Puedo hacerlo yo?
LADY CHILTERN . ––No.
LORD GORING. –– (En tono grave.) Esta usted equivocada, lady Chiltern.
LADY CHILTERN. ––No. La carta debe ser interceptada. Eso es todo. Pero ¿cómo hacerlo? Las cartas le llegan a todas horas. Sus secretarios las abren y se las dan. No me atrevo a pedir a los criados que me traigan sus cartas. SerÃa imposible. ¡Oh! ¿Por qué no me dice usted lo que debo hacer?
LORD GORING. ––Le ruego que se calme, lady Chiltern, y conteste a las preguntas que voy a hacerle.
Usted ha dicho que sus secretarios abren las cartas.
LADY CHILTERN . ––SÃ.
LORD GORING. ––¿Quién está hoy con él? MÃster Trafford, ¿no?