Un marido ideal
Un marido ideal LADY BASILDON. –– Cómico no, lord Goring. ¡Qué poco amable es usted al decir tal cosa!
MISTRESS MARCHMONT. ––Temo que lord Goring esté en el campo enemigo, como de costumbre; lo vi hablar con esa mistress Cheveley cuando entró.
LORD GORING. ––¡Bella mujer mistress Cheveley!
LADY BASILDON. ––Por favor, no ensalce a otras mujeres en nuestra presencia. ¡DebÃa haber esperado a que lo hiciésemos antes nosotras!
LORD GORING. ––He esperado.
MISTRESS MARCHMONT. ––Bueno, no Ãbamos a ensalzarla. Me han dicho que fue a la ópera el lunes por la noche y le dijo a Tommy Rufford durante la cena que, por lo que ella podÃa ver, la sociedad londinense estaba compuesta enteramente por repelentes y por elegantes.
LORD GORING. ––TenÃa razón. Los hombres son todos repelentes y las mujeres todas elegantes, ¿no?
MISTRESS MARCHMONT. –– (Después de una pausa.) ¡Oh! ¿No pensará usted que es eso lo que querÃa decir mistress Cheveley?