Un marido ideal
Un marido ideal LORD GORING. ––¡Naturalmente! Y es algo muy sensato. (Entra Mabel Chiltern. Se une al grupo.) MABEL CHILTERN . ––¿Por qué están hablando de mis tress Cheveley? ¡Todos hablan de mistress Cheveley! Lord Goring, dice... ¿Qué dice usted sobres mistress Cheveley, lord Goring? ¡Oh! Ya recuerdo: es un genio por el dÃa y una belleza por la noche.
LADY BASILDON. ––¡Que horrible combinación! ¡Tan poco natural!
MISTRESS MARCHMONT. –– (Con un gesto soñador.) ¡Me gusta mirar a los genios y escuchar a las bellezas!
LORD GORING. ¡Ah! ¡Qué morbosa es usted, mis tress Marchmonf MISTRESS MARCHMONT. –– (Con verdadero gozo.) Me alegro de oÃrlo decir eso. Marchmont y yo estamos casados desde hace siete años y nunca me ha dicho que era morbosa. Los hombres son muy malos observadores.
LADY BASILDON . ––Siempre he dicho, querida Margaret, que era usted la persona más morbosa de Londres.
MISTRESS MÀRCHMONT. ––¡Ah! ¡Usted siempre tan simpática, Olivia!
MABEL, CHILTERN. ––¿Es morboso tener ganas de comer? Yo tengo muchas. Lord Goring, ¿quiere acompañarme a cenar?
LORD GORING. ––Con placer, miss Mabel. (Se separa del grupo) MABEL, CHILTERN . ––¡Qué horrible ha estado usted! ¡No me ha hablado en todo el tiempo!