Un marido ideal
Un marido ideal Ha sido un gran éxito. Pero, desde luego, durante las próximas veinticuatro horas será un secreto.
LADY CHILTERN . ––¿Un secreto? ¿Entre quienes?
MISTRESS CHEVELEY. –– (Con un gesto alegre en los ojos.) Entre su marido y yo.
SIR ROBERT CHILTERN. –– (Entrando.) ¡Su coche está aquÃ, mistress Cheveley!
MISTRESS CHEVELEY. –– Gracias. ¡Buenas noches, lady Chiltern! ¡Buenas noches, lord Goring! Estoy en el Claridge. ¿No cree que podrÃa usted dejar allà una tarjeta?
LORD GORING. ––Si usted lo desea, mistress Cheveley...
MISTRESS CHEVELEY. ––¡Oh! No se ponga tan solemne o me veré obligado a dejarle una tarjeta yo a usted. En Inglaterra supongo que eso no estarÃa en «regle». En el extranjero somos más civilizados. ¿Me acompaña usted abajo, sir Robert? ¡Ahora que vamos a tener los mismos intereses supongo que seremos grandes amigos! (Sale del brazo de sir Robert Chiltern. Lady Chiltern va hacia la escalera para verlos bajar. Su expresión es inquieta. Al poco rato se une a otros invitados y pasa con ellos a otro salón.) MABEL CHILTERN. ––¡Qué horrible mujer!
LORD GORING. ––DeberÃa irse a la cama, miss Mabel.
MABEL CHILTERN. ––¡Lord Goring!