Un marido ideal
Un marido ideal LORD GORING. ––Mi padre me decÃa hace una hora que me fuese a la cama. No sé por qué no puedo darle a usted el mismo consejo. Siempre comunico los buenos consejos. Es lo únic o que se puede hacer con ellos. A uno nunca le son útiles.
MABEL CHILTERN. ––Lord Goring, siempre está diciéndome que me vaya de la habitación. Creo que es una osadÃa. Especialmente cuando todavÃa faltan horas para que me vaya a la cama. (Va hacia el sofá.) Puede venir a sentarse, si quiere, para hablar de algo que no sea la Real Academia, mistress Cheveley o las novelas en dialecto escocés. No son temas apropiados. (Se da cuenta de que hay algo sobre el sofá, medio escondido por los almohadones.) ¿Qué es esto? ¡A alguien se le ha caÃdo un broche de diamantes! ¡Qué bello es! (Se lo enseña.) DesearÃa que fuera mÃo, pero Gertrude no me deja llevar nada más que perlas, y ya estoy harta de ellas. Me hacen parecer fea, buena e intelectual. Me pregunto a quién podrÃa pertenecer este broche.
LORD GORING. ––Yo me pregunto a quién se le habrá caÃdo.
MABEL CHILTERN. ––Es un bonito broche.
LORD GORING. ––Es un bonito brazalete.
MABEL CHILTERN. ––No es brazalete, es un broche.