Un marido ideal
Un marido ideal LORD GORING. ––Mi querido Robert, es un asunto muy engorroso, realmente engorroso. DebÃas habérselo contado todo a tu esposa. Tener secretos de las esposas de otros es un lujo necesario en la vida moderna. Al menos, siempre me dicen eso en el club hombres que son lo bastante calvos para saberlo. Pero ningún hombre debÃa tener secretos para su propia esposa. Ella invariablemente los descubre. Las mujeres tienen un maravilloso instinto de las cosas. Pueden descubrirlo todo, excepto lo evidente.
SIR ROBERT CHILTERN. ––Arthur, no he podido decÃrselo a mi esposa. ¿Cuándo se lo iba a haber dicho? Anoche no. Hubiera provocado una separación para toda la vida y hubiera perdido el amor de la única mujer que adoro en el mundo, de la única mujer que ha hecho vibrar el amor dentro de mÃ. Anoche hubiera sido completamente imposible. Se hubiese separado de mà con horror..., con horror y desprecio.
LORD GORING. ––¿ Es tan perfecta lady Chiltern?
SIR ROBERT CHILTERN. ––SÃ; lo es.
LORD GORING. ––(Quitándose el guante de la mano izquierda.) ¡Qué lástima! Perdón, mi querido amigo; no quise decir exactamente eso. Pero si lo que me dices es cierto, me gustarÃa tener una conversación seria sobre la vida con lady Chiltern.
SIR ROBERT CHILTERN. ––SerÃa completamente inútil.