Un marido ideal
Un marido ideal LADY CHILTERN . ––No; acabo de venir de la Asociación Liberal de Mujeres, donde, a propósito, tu nombre ha sido acogido con grandes aplausos, Robert; y ahora voy a tomar el té. (A lord Goring.) Se quedará a tomar el té ¿verdad?
LORD GORING. ––Me quedaré un rato, gracias.
LADY CHILTERN . –– Volveré al momento. Voy sólo a quitarme el sombrero.
LORD GORING. ––¡Oh! Le ruego que no lo haga. ¡Es tan bonito! Uno de los sombreros más bonitos que he visto. Supongo que la Asociación Liberal de Mujeres lo habrá recibido con grandes aplausos.
LADY CHILTERN . –– (Con una sonrisa.) Tenemos que tratar sobre cosas mucho más importantes que los sombre ros, lord Goring.
LORD GORING. ––¿De veras? ¿Qué clase de cosas?
LADY CHILTERN . ––¡Oh! Cosas oscuras, útiles y deliciosas: los inspectores femeninos, la jornada de ocho horas, la franquicia parlamentaria... Todo, en resumen, lo que usted encuentra terriblemente falto de interés.
LORD GORING. ––¿Y nunca sobre sombreros?
LADY CHILTERN. –– (Con fingida indignación.) ¡Sobre sombreros, nunca! (Lady Chiltem sale por la puerta que da a su tocador.)