Un marido ideal

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MABEL CHILTERN. ––Bueno; Tommy se me ha declarado otra vez. Tommy no hace realmente otra cosa que declararse a mí. Se me declaró anoche en el salón de música, cuando estaba sin protección y había un compli cado trío tocando. No me atreví a cometer ninguna indiscreción, no necesito decírtelo. Los músicos son absurdamente irrazonables. Siempre quieren que una esté perfectamente muda cuando lo que a una le gustaría estar es absolutamente sorda. Después se me ha declarado esta mañana en la calle a la luz del día, frente a esa terrible estatua de Aquiles. Realmente las cosas que ocurren fren te a esa obra de arte son completamente espantosas. Debería intervenir la policía. Durante el almuerzo vi por el brillo de sus ojos que se iba a declarar otra vez, y entonces le aseguré que era bimetalista. Afortunadamente, no sé lo que significa el bimetalismo. Y no creo que nadie lo sepa. Pero la observación contuvo a Tommy durante diez minutos. Pareció muy sorprendido. Y además, ¡es tan molesta la forma que tiene de declararse! Si se decla-rase en voz alta, no me importaría mucho. Eso podría producir algún efecto en el público. Pero lo hace de una forma horriblemente confidencial. Cuando Tommy quiere ser romántico, habla como un doctor. Me agrada mucho Tommy pero sus métodos para declararse están completamente anticuados. Desearía, Gertrude, que hablases con él y le dijeras que declararse una vez a la semana es suficiente para cualquiera, y que siempre lo haga de forma que llame la atención de la gente.


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