Un marido ideal
Un marido ideal LADY CHILTERN . ––Querida Mabel, no hables asÃ. Además, Robert tiene muy bien considerado a mÃster Trafford. Cree que posee un brillante porvenir.
MABEL CHILTERN. ––¡Oh! No me casarÃa con un hombre que tuviese un brillante porvenir por nada del mundo.
LADY CHILTERN . ––¡Mabel!
MABEL CHILTERN. ––Ya sé, querida. ¡Tú te casaste con un hombre de porvenir! Pero entonces Robert era un genio y tú tenÃas un noble carácter, apto para el propio sacrificio. Tú puedes soportar a los genios.
Yo no tengo carácter para eso, y Robert es el único genio que he podido aguantar. Por regla general, son completamente imposibles. Los genios hablan mucho, ¿verdad? ¡Una mala cos tumbre¡ Y siempre piensan en sà mismos, y a mà me gusta que los hombres piensen en mÃ. Debo ir a ensayar a casa de lady Basildon.
Recuerdas que estamos haciendo unos «tableaux», ¿verdad? ¡El triunfo de algo, no sé de qué! Espero que será el triunfo mÃo. Es el único triunfo que me interesa actualmente. (Besa a lady Chiltern y sale; vuelve a entrar inmediatamente.) ¡Oh! Gertrude, ¿sabes quién viene a verte? Esa horrible mistress Cheveley, con un vestido marav illoso. ¿La has invitado?
LADY CHILTERN . ––¡Mistress Cheveley! ¿Viene a verme? ¡Imposible!