Un marido ideal
Un marido ideal LADY MARKBY. ––Lo cual está muy bien, querida. Si ocurriera eso, podrÃan quedar destruidos muchos hogares felices. No el suyo, por supuesto, Gertrude. Usted se ha casado con un hombre fuera de serie. DesearÃa poder decir lo mismo de mÃ. Pero desde que sir John asiste a los debates regularmente, lo cual nunca solÃa hacer en los viejos tiempos, su lenguaje se ha hecho completamente imposible. Siempre parecer creer que se está dirigiendo a la Cámara, y como consecuencia si discute sobre el estado de los agricultores, o sobre la iglesia de Gales, o sobre cualquier cosa tan fuera de lugar como éstas, me veo obligada a ordenar a los criados que salgan de la habitación. No es agradable ver al mayordomo, que está con nosotros desde hace veintitrés años, volver la cabeza ruborizado, ni a los criados retorciéndose de risa en los rincones co-mo payasos. Le aseguro que mi vida quedará completamente arruinada a menos que envÃen a sir John ens eguida a la Cámara Alta. Entonces no se tomará ningún interés por la polÃtica, ¿verdad? ¡La Cámara de lo s Lores es tan juiciosa! Una asamblea de caballeros. Pero, en el presente, John es una desgracia. Esta mañana en el desayuno se levantó, se puso las manos en los bolsillos y se dirigió al paÃs con toda la potencia de su voz. Dejé la mesa tan pronto como tomé mi segunda taza de té, no necesito decirlo. ¡Pero su violento lenguaje se oÃa en toda la casa! ¿Supongo, Gertrude, que sir Robert no es asÃ?