Un marido ideal
Un marido ideal LADY CHILTERN. ––¿Cómo se atreve a hablar asà de mi marido? ¿Cómo se atreve a amenazarlo a él o a m� Abandone mi casa. No es digna de estar en ella. (Entra sir Robert Chiltern. Oye las últimas palabras de su esposa y ve a quién están dirigidas. Se pone intensamente páli do.) MISTRESS CHEVELEY-¡Su casa! Una casa comprada con el precio del deshonor. Una casa en que todo ha sido pagado por medio de un fraude. (Se vuelve y ve a sir Robert Chiltern.) ¡Pregúntele cuál es el origen de su fortuna! Que le diga cómo vendió a un jugador de bolsa un secreto de Estado. Que le explique a qué debe su posición actual.
LADY CHILTERN . ––¡Eso no es cierto, Robert! ¡Eso no es cierto!
MISTRESS CHEVEI.EY. –– (Apuntándola con el dedo.) ¡MÃrelo! ¡No puede negarlo! ¡No se atreverá!
SIR ROBERT CHILT ERN. ––¡Váyase! ¡Váyase inmediata mente! Ya ha causado el daño que podÃa.
MISTRESS CHEVELEY. ––¿SÃ? Aún no he terminado con usted, ni con usted. Les doy hasta mañana a las doce. Si para entonces no ha hecho lo que le dije, todo el mundo sabrá el origen de la carrera de Robert Chiltern. (Sir Robert Chiltern toca el timbre. Entra Mason.) SIR ROBERT CHILTERN . ––Acompañe a mistress Cheveley a la puerta. (Mistress Cheveley se estremece; después se inclina ante lady Chiltern con una cortesÃa algo exagerada. Lady Chiltern no responde.