Un marido ideal
Un marido ideal Creà que era Robert quien me escribÃa. Me pregunto qué tendrá que decirme lady Chiltern. (Se sienta en el escritorio, abre la carta y la lee.) «Le necesito. Cono en usted. Me dirijo a usted.» ¡Lo sabe todo! ¡Pobre mujer! ¡Pobre mujer! (Saca su reloj y lo mira.) ¡Pero qué horas de visita! ¡Las diez! Tendré que faltar a casa de los Berkshires. Sin embargo, siempre es bonito ser esperado y no aparecer. En el club de los solteros no me esperan, asà que iré allÃ. Haré que comprenda a su marido. Es lo que debe hacer una mujer. El sentido moral de las mujeres es lo que hace el matrimonio tan difÃcil. Las diez. Pronto estará aquÃ. Debo decirle a Phipps que no estoy para nadie más. (Va hacia el timbre. Entra Phipps.) PHIPPS. –– Lord Caversham.
LORD GORING. ––¡Oh! ¿Por qué los padres siempre aparecen en el peor momento? Supongo que es al-gún defecto extraño de la naturaleza. (Entra lord Caversham.) Encantado de verte, querido papá. (Va a su encuentro.)
LORD CAVERSHAM. ––QuÃtame la capa.
LORD GORING. ––¿Merece la pena, papá?
LORD CAVERSHAM. ––Naturalmente que sÃ, amigo. ¿Cuál es el sillón más confortable?
LORD GORING. ––Éste, Papá. Es el que uso yo cuando tengo visitas.
LORD CAVERSHAM. ––Gracias. ¿Espero que no habrá corriente en esta habitación?