Un marido ideal
Un marido ideal LORD GORING. ––No, papá.
LORD CAVERSHAM. ––Me alegro. No puedo soportar las corrientes. En casa no las hay.
LORD GORING. ––Hay buenas brisas, papá.
LORD CAVERSHAM. ––¿Eh? No entiendo lo que quieres decir. Quiero tener una conversación seria contigo, amiguito.
LORD GORING. ––¡Querido papá! ¿A esta hora?
LORD CAVERSHAIvt. ––Son sólo las diez. ¿Qué tienes que oponer a la hora? ¡Creo que es una hora admirable!
LORD GORING. ––La verdad es, papá, que hoy es un dÃa que no puedo hablar en serio. Lo siento mucho, pero es asÃ.
LORD CAVERSHAM. ––¿Qué quieres decir?
LORD GORING. ––Durante la temporada, papá, sólo hablo en serio los primeros martes de cada mes, de cuatro a siete.
LORD CAVERSHAM. ––Bien; pues suponte que estamos en martes, amiguito.
LORD GORING. ––Pero es más tarde de las siete, papá, y mi doctor dice que no debo tener ninguna conversación seria después de las siete. Eso me hace hablar dormido.
LORD CAVERSHAM. ––¿Hablar dormido? ¿Qué importa? Tú no estás casado.
LORD GORING. ––No, papá; no estoy casado.