Un marido ideal
Un marido ideal LORD CAvERSHAM. ––¡Hum! De eso es de lo que he venido a hablar contigo, amiguito. Vas a casarte, e inme diatamente. Cuando yo tenÃa tu edad, era ya un viudo inconsolable desde hacÃa tres meses y ya em-pezaba a cortejar a tu admirable madre. ¡Diablos, amiguito, tu deber es casarte! No puedes vivir siempre para el placer. Hoy dÃa todo hombre de posición se casa. Los solteros ya no están de moda. Se los conoce demasiado. Debes conseguir una esposa, amiguito. FÃjate dónde ha llegado tu amigo Robert Chiltern gracias a su probidad, su trabajo y su sensato matrimonio con una buena mujer. ¿Por qué no lo imitas. ¿Por qué no lo tomas como modelo?
LORD GORING. ––Supongo que ya lo haré, papá.
LORD CAVERSHAM. ––Deseo que lo hagas. Entonces seré feliz. Le hago la vida imposible a tu madre por culpa tuya. No tienes corazón, amiguito, no tienes corazón.
LORD GORING. ––Supongo que no, papá.
LORD CAVERSHAM. ––Y ya es hora de que te cases. Tienes treinta y cuatro años, amiguito.
LORD GORING. ––SÃ, papá, pero solamente admito treinta y dos... Treinta y uno y medio cuando llevo una buena flor en el ojal. Ésta que llevo ahora no es... lo bastante trivial.