Un marido ideal
Un marido ideal LORD CAVERSHAM. ––Te digo que tienes treinta y cuatro años, amiguito.Y, además, hay corrientes en esta habitación, lo cual hace que tu conducta sea aún peor. ¿Por qué me dijiste que no habÃa corrientes?
Noto que las hay, amiguito, lo noto perfectamente.
LORD GORING. ––Eso me parece, papá. Hay una corriente terrible. Iré a verte mañana, papá. Podremos hablar sobre todo lo que quieras. Déjame que te ayude a ponerte la capa, papá.
LORD CAVERSHAM. ––No, amiguito; he venido esta noche con un propósito definido, y he de cons eguir lo que quiero aun a costa de mi salud o de la tuya.
LORD GORING. ––Desde luego, papá. Pero vamos a otra habitación. (Toca el timbre.) Aquà hay una corriente terrible. (Entra Phipps.) Phipps, ¿hay un buen fuego en el salón de fumar?
PHIPPS. ––SÃ, milord.
LORD GORING. ––Vamos, allÃ, papá. Tus estornudos destrozan el corazón.
LORD CAVERSHAM. ––Bueno, amiguito, supongo que tengo derecho a estornudar cuando quiera,
¿no?
LORD GORING. ––Naturalmente, papá. Simplemente te expresaba mi simpatÃa.
LORD CAVERSHAM. ¡Oh! ¡Al diablo la simpatÃa! Hoy dÃa hay demasiada.