Una mujer sin importancia
Una mujer sin importancia Gerald, para salvarte de las burlas y las imprecaciones del mundo he mentido al mundo. Le he mentido durante veinte años. No podÃa decirle al mundo la verdad. ¿Quién lo hubiera hecho? Pero no iré a mentir a Dios y en presencia de Dios. No, Gerald, ningún acto regulado por la Iglesia o el Estado podrá unirme a George Harford. Puede ser que esté ya demasiado unida a él, que, después de robarme, me abandonó más rica, pues hallé la más preciada perla en mi vida o lo que yo creà que lo era.
GERALD.––Ahora no te entiendo.
MISTRESS ARBUTHNOT.––Los hombres no entienden lo que son las madres.Yo no soy diferente a las otras mujeres, excepto en el mal que me han hecho y el mal que hice yo, y en mi enorme castigo y mi gran desgracia. Sin embargo, por ti he tenido que mirar a la muerte. Para criarte he combatido con ella. La muerte luchó conmigo por ti.Todas las mujeres tenemos que luchar con la muerte para guardar a nuestros hijos. La muerte que no tiene hijos quiere los hijos de los demás. Gerald, cuando estabas desnudo, yo te vestÃ; cuando tuviste hambre, yo te di de comer. Te cuidé noche y dÃa durante todo el largo invierno. No hay tarea ni cuidado demasiado pequeños para el ser que las mujeres amamos...Y, ¡oh! ¡Cómo te amaba yo!