Una mujer sin importancia
Una mujer sin importancia LORD ILLINGWORTH.––Rachel, ahora Gerald lo sabe todo acerca de ti y de mÃ, asà que debemos hacer un arreglo que nos convenga a los tres.Te aseguro que él encontrará en mà al más encantador y generoso de los padres.
MISTRESS ARBUTHNOT.––Mi hijo puede venir en cualquier momento. Te salvé anoche. No seré capaz de salvarte otra vez. Mi hijo siente muy dentro de él mi deshonor, terriblemente dentro. Te ruego que te vayas.
LORD ILLINGWORTH.––Anoche ocurrió algo desafortunado. Esa tonta muchacha puritana hizo una escena sólo porque quise besarla. ¿Qué mal hay en un beso?
MISTRESS ARBUTHNOT.–– (Volviéndose.) Un beso puede arruinar una vida humana, George Harford.Yo lo sé. Lo sé demasiado bien.
LORD ILLINGWORTH.––No discutamos eso ahora. Lo que hoy importa es nuestro hijo. Me agrada mucho, como sabes, y aunque te extrañe, me admiró su conducta de anoche. Se decidió con gran prontitud a defender a esa bonita gazmoña americana. Es justo como me hubiera gustado que fuese un hijo mÃo.
Excepto que ningún hijo mÃo deberÃa ponerse del lado de los puritanos; eso es siempre un error. Ahora lo que me propongo es...
MISTRESS ARBUTHNOT.––Ninguna proposición tuya me interesa.