Una mujer sin importancia
Una mujer sin importancia LORD ILLINGWORTH.––El muchacho estará seis meses al año contigo y los otros seis conmigo. Es perfectamente lógico, ¿no? Tú puedes tener la renta que quieras y vivir donde gustes. En cuanto a tu pasado, nadie sabe nada de él, excepto Gerald y yo. Está la puritana, desde luego, la puritana de la blanca muselina, pero ella no cuenta. No podrá contar la historia sin explicar que se opuso a ser besada.Y todas las mujeres pensarÃan que era tonta y los hombres que era aburrida. Y no tienes que temer que Gerald no sea mi heredero. Yo necesito decirte que no tengo ni las más ligera intención de casarme.
MISTRESS ARBUTHNOT.––Llegas demasiado tarde. Mi hijo no te necesita. No le eres necesario.
LORD ILLINGWORTH.––¿Que quieres decir, Rachel?
MISTRESS ARBUTHNOT.––Que no eres necesario para el porvenir de Gerald. No te necesita.
LORD ILLINGWORTH.––No te entiendo.
MISTRESS ARBUTHNOT.––Mira al jardÃn. (Lord IllÃngworth se levanta y va hacia la ventana.) SerÃa mejor que no te viera; le traerÃas recuerdos desagradables. (Lord Illingworth mira hacia fuera y se estremece.) Ella lo ama. Ambos se aman. Estamos a salvo de ti y nos vamos a marchar.
LORD ILLINGWORTH.––¿Adónde?