Una mujer sin importancia
Una mujer sin importancia LORD ILLINGWORTH.––Una institución mucho mejor, desde luego. Nosotros, los miembros de la Cámara de los Lores, nunca estamos en contacto con la opinión pública. Eso nos hace ser más civilizados.
KELVIL.––¿Habla usted en serio al decir eso?
LORD ILLINGWORTH.––Completamente en serio, mÃster Kelvil. (A mistress Allonby.) ¡Qué costumbre tiene la gente hoy dÃa de preguntar, cuando uno expone una idea, si habla en serio o no! Nada es serio excepto la pasión. La inteligencia no es una cosa seria, nunca lo ha sido. Es un instrumento en el que se toca, eso es todo. La única inteligencia seria que yo conozco es la británica.Y sobre ella los ignorantes tocan el tambor.
LADY HUNSTANTON.––¿Qué dice usted de tambor, Lord Illingworth?
LORD ILLINGWORTH.––Simplemente estaba hablando con mistress Allonby sobre los artÃculos de fondo de los periódicos de Londres.
LADY HUNSTANTON.––Pero ¿cree usted todo lo que se escribe en los periódicos?
LORD ILLINGWORTH.––SÃ. Hoy dÃa lo único que ocurre es lo ilegible. (Se levanta con mistress Allonby.)
LADY HUNSTANTON.––¿Se va usted, mistress Allonby?
MISTRESS ALLONBY.––Al invernadero. Lord Illingworth me ha dicho esta mañana que hay allà una orquÃdea tan bella como los siete pecados capitales.