Una mujer sin importancia
Una mujer sin importancia LADY HUNSTATON.––Ciertamente puede hacerse mucho por medio de los entretenimientos baratos, como usted dice, Lord Illingworth. El querido doctor Daubeny, nuestro párroco aquÃ, organiza, con ayuda de sus vicarios, unos recreos realmente admirables durante el invierno para la gente pobre.Y se puede hacer mucho bien con una linterna mágica o cualquier otra diversión popular por el estilo.
LADY CAROLINE.––Yo no estoy de acuerdo con todo eso, Jane. Mantas y carbón son suficientes. Hay mucho amor al placer entre las clases altas. Lo que se desea en la vida moderna es salud.
KELVIL.––Está usted en lo cierto, lady Caroline.
LADY CAROLINE.––Creo que generalmente estoy en lo cierto siempre.
MISTRESS ALLONBY.––¡Salud! Horrible palabra.
LORD ILLINGWORTH.––Una palabra tonta en nuestro idioma; todos saben muy bien cuál es la idea corriente sobre la salud. El caballero rural inglés galopando tras un zorro... Lo inexplicable persiguiendo a lo incomible.
KELVIL.––¿Puedo preguntarle, Lord Illingworth, si considera usted la Cámara de los Lores como una institución mejor que la Cámara de los Comunes?