Una mujer sin importancia
Una mujer sin importancia LORD ILLINGWORTH.––No debemos ser de ningún partido en nada, mÃster Kelvil. Decidirse a tomar partido es empezar a ser sincero, e inmediatamente después a ser formal, y entonces la existencia humana se harÃa inaguantable. Sin embargo, la Cámara de los Comunes realmente es poco dañina. La gente no puede hacerse buena por una orden del Parlamento..., eso ya es algo.
KELVIL.––No puede usted negar que la Cámara de los Comunes ha demostrado siempre gran simpatÃa por los sentimientos de la clase pobre.
LORD ILLINGWORTH.––Ése es un vicio muy especial. El vicio más particular de nuestra época.
DeberÃamos simpatizar con la alegrÃa, la belleza, el color de la vida. Cuanto menos se hable de las penalidades del mundo, mejor, mÃster Kelvil.
KELVIL.––Pero nuestro East End es un problema muy importante.
LORD ILLINGWORTH.––Cierto. Es el problema de la esclavitud. E intentamos resolverlo divirtiendo a los esclavos.