Una mujer sin importancia
Una mujer sin importancia MISTRESS ALLONBY.––¡Va mucho con ella!
LADY STUTFIELD.––SÃ, ¿verdad? Es cierto, muy cierto.
LADY CAROLINE.––Si lo que nos dice usted de la clase media es cierto, lady Stutfield, eso la acredita mucho. Es terrible que entre los de nuestra clase la esposa persista en ser trivial, bajo la falsa impresión de que tiene que ser asÃ. A eso le atribuyo yo la infidelidad de muchos de los matrimonios que todos conocemos en sociedad.
MISTRESS ALLONBY.––¿Sabe usted, lady Caroline, que yo no creo que la frivolidad de la mujer tenga nada que ver con eso? Muchos matrimonios fracasan por el sentido común del marido más que por otra cosa. ¿Cómo puede esperar ser feliz una mujer con un hombre que insiste en tratarla como si fuese un ser perfectamente racional?
LADY HUNSTANTON.––¡Querida!
MISTRESS ALLONBY.––El hombre, el pobre, necesario y confiado hombre, pertenece a un sexo que ha sido racional durante millones y millones de años. Tiene que ser asÃ. Es algo que lleva dentro. La historia de la mujer es muy diferente. Siempre hacemos pintorescas protestas contra la mera existencia del sentido común. Vimos su peligro desde el principio.