Una mujer sin importancia

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LADY HUNSTANTON.––No, querida; murió en una cacería. ¿O en una pesca, Caroline? Lo he olvidado. Pero George lo heredó todo. Siempre le digo que ningún hijo menor ha tenido la suerte que él.

MIsTRESs ARBUTHNOT.––Lady Hunstanton, quiero hablar con Gerald ahora mismo. ¿Puedo verlo?

¿Le pueden avisar?

LADY HUNSTANTON.––Ciertamente, querida. Enviaré a uno de los criados. No sé cómo se entretienen tanto los caballeros. (Toca el timbre.) Cuando conocí a Lord Illingworth al principio, como simple George Harford, era sólo un joven ocurrente sin un penique en el bolsillo, excepto lo que le daba la pobre y querida lady Cecilia. Ella lo adoraba. Principalmente, creo yo, porque él estaba en malas relaciones con su padre. ¡Oh! Aquí está el querido archidiácono. (Al criado.) Ya no importa. (Entran sirJohn y el doctor Daubeny. Sir John va hacia lady Stufield y el doctor Daubeny hacia lady Hunstanton.) EL ARCHIDIÁCONO.––Lord Illingworth nos ha entretenido mucho. Nunca me he divertido más. (Ve a mistress Arbuthnot.) ¡Ah, mistress Arbuthnot!

LADY HUNSTANTON.–– (Al doctor Daubeny.) Ya ve que he conseguido al fin que viniese mistress Arbuthnot.

EL ARCHIDIÁCONO.––Es un gran honor, lady Hunstanton. Mistress Daubeny se sentirá celosa de usted.


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