Una mujer sin importancia
Una mujer sin importancia EL ARCHIDIÁCONO.––Era notable por su memoria, pero desde que tuvo el último ataque se acuerda principalmente de los acontecimientos de su niñez. Pero encuentra un gran placer en tales recuerdos; un gran placer. (Entran lady Stut Ield y mister Kelvil.) LADY HUNSTANTON.––¡Ah! ¡Querida lady Stutfield! ¿De qué han estado hablando míster Kelvil y usted?
LADY STUTFIELD.––Sobre el bimetalismo, si mal no recuerdo.
LADY HUNSTANTON.––¡El bimetalismo! ¿Es un bonito tema? Aunque ya sé que la gente discute libremente de todo hoy día. ¿De qué hablaban usted y sir John, querida mistress Allonby?
MISTRESS ALLONBY.––Sobre la Patagonia.
LADY HUNSTANTON.––¿Si? ¡Qué tema tan remoto! Pero de mucho provecho, no hay duda.
MISTRESS ALLONBY.––El ha estado muy interesante hablando sobre la Patagonia. Los salvajes parecen tener las mismas opiniones sobre todos los asuntos que la gente civilizada. Están excesivamente avanzados.
LADY HUNSTANTON.––¿Qué hacen?
MISTRESS ALLONBY.––Aparentemente, de todo.
LADY HUNSTANTON.––Bueno; es muy grato que la naturaleza humana perdure, ¿verdad, querido archidiácono? En conjunto, el mundo es el mismo, ¿no?