Una mujer sin importancia
Una mujer sin importancia LORD ILLINGWORTH.––El mundo simplemente está dividido en dos clases: los que creen lo increÃble, como el público, y los que creen los improbable...
MISTRESS ALLONBY.––¿Como usted?
LORD ILLINGWORTH.––SÃ; siempre me asombro de mà mismo. Es lo único que hace la vida digna de ser vivida.
LADY STUTFIELD.––¿Y qué ha hecho usted últimamente que lo asombre?
LORD ILLINGWORTH.––He estado descubriendo toda clase de buenas cualidades en mi propio carácter. MisTRESS ALLONBY.––¡Ah! No se puede ser perfecto en un instante. Se consigue gradualmente.
LORD ILLINGWORTH.––No intento ser perfecto del todo. Al menos espero no serlo. TendrÃa muchos inconvenientes. Las mujeres nos aman por nuestros defectos. Si tenemos los suficientes, nos lo perdonan todo, aun el tener una inteligencia gigantesca.
MISTRESS ALLONBY.––Es prematuro pedirnos que perdonemos el análisis. Perdonamos la adoración; eso es todo lo que debe esperarse de nosotras. (Entra Lord Afred. Va junto a lady Stutfield.) LADY HUNSTANTON.––¡Ah! Las mujeres debÃamos perdonarlo todo, ¿verdad?, querida mistress Arbuthnot? Estoy segura de que está de acuerdo conmigo en eso.