Una mujer sin importancia
Una mujer sin importancia LADY HUNSTANTON.––Bueno, mañana entonces. ¡Ah! Si tuviera usted padre, Gerald, no dejarÃa que malgastase usted aquà su vida. Lo enviarÃa inmediatamente con Lord Illingworth. ¡Pero las madres son tan débiles! Somos todo corazón, todo corazón. Vamos, querida; tengo que ir a la parroquia a preguntar por mistress Daubeny, pues me temo que no esté muy bien. Es maravillosa la forma en que el archidiácono lo soporta todo, maravillosa. Es el más agradable de los maridos. Un modelo. Adiós, Gerald; déle mis más cariñosos recuerdos a su madre.
MISTRESS ALLONBY.––Adiós, mÃster Arbuthnot.
GERALD.––Adiós. (Salen lady Hunstanton y mistressAllonby. Gerald se sienta y lee su carta) ¿Con qué nombre pudo firmar? No tengo derecho a ninguno. (Firma, pone la carta en un sobre, escribe las señas y va a cerrarla cuando se abre la puerta de la izquierda y entra mistressArbuthnot. Gerald deja el lacre.
Madre e lijo se miran.)
LADY HUNSTANTON.––(A través del ventanal del fondo.) Adiós otra vez, Gerald. Nos vamos acortando camino por su bonito jardÃn.Y recuerde mi consejo... Márchese con Lord Illingworth.
MISTRESS ALLONBY.––«Au revoir», mÃster Arbuthnot. Acuérdese de traerme algo de sus viajes; pero no un chal de la India; eso no. (Salen.)